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VACUNA ANTIDIFTERICA

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 RUBEN RUBIO

ACOTACION: BALLATORE

 

30 de Diciembre de 2010
Amigos
Con referencia a la primera vacunación, tengo en mi memoria y en mi retina ese momento y sus personajes.
Se trataba de la aplicación de la vacuna antidiftérica, que creo ya no se hace mas por haber sido erradicada la enfermedad
Se inyectaba en la espalda y producía en algunos receptores , mucha fiebre. Por ese motivo la aplicaban el viernes, porque si nos tomaba fiebre, estabamos en casa, al cuidado de la familia.
El lugar de vacunación era la enfermería del Dr DI LEO LIRA y su lugarteniente, el famoso Sargento Lazo, administrador y principal impulsor de la mágica droga curatodo, llamada DIPIRONA.
El viernes a media mañana, fuimos conducidos a paso redoblado, a nuestro suplicio, al mando del chancho Amarante, cuya principal virtud y ocupación, era hacer difícil la vida del indefenso cadete de primer año.
Al llegar a la enfermeria, se nos hizo formar en fila de a uno, sobre la galería que esta entre el tanque de agua, y el casino de oficiales. A continuación y luego de una larga espera para preparar los instrumentos de tortura, se nos hizo ingresar como vacas al matadero, en la habitación de tormento, de aproximadamente 5 por 4 metros, con el torso desnudo y de cara a la pared.
Alli, un soldado, bajo la atenta mirada del chancho Amarante, el Sargento Lazo y un enfermero medio tuerto que no recuerdo el nombre, nos pegaba un lampazo, sobre nuestros delicados, vírgenes y púberes omoplatos, con un tremendo pedazo de algodón, embebido en alcohol iodado. En ese momento por el miedo ante la inminencia de la consumacion del tormento, nuestros ojos, nuestros puños y nuestros esfínteres, estaban totalmente cerrados y nuestra voluntad entregada. Aprovechando esa situacion de indefension, Lazo y el tuerto, aguja y jeringa en mano, procedieron a violar nuestras vírgenes espaldas inyectándonos la temible vacuna. No necesito comentarles ni recordarles, porque todos lo vivieron, lo que aquella situación represento para nosotros, bisoños cadetes de primer año del Liceo Militar, que para colmo veníamos siendo atormentados como pasaba de promocion en promocion por la celebre aplicación de la vacuna en el ojo.
Recuerdo a un compañero, de sección y de peloton. El cadete Zubeldia , un gordito poco hábil para las exigencias militares, y muy apegado a su Mama, que después del consabido lampazo iodado, al acercarse Lazo para vacunarlo en la espalda, se daba vuelta y lo enfrentaba, por el miedo a ser pinchado. Asi lo hizo tres o cuatro veces a pesar de los gritos y amenazas del chancho Amarante para que se diera vuelta, cara a la pared. Finalmente ante esa flagrante, irrespetuosa e irreversible insubordinación, fue inmovilizado de cara a la pared y vacunado contra su voluntad, como el resto de sus mortales compañeros.
Un párrafo aparte de la vacunación, es comentar el sistema de asepsia de las jeringas que se utilizaban. No había una por cada cadete a inyectar, se usaba una para varios y estaban en una caja de metal con alcohol, de la que se iban tomando para vacunar. Me parece que se descartaban luego de unos cuantos pinchazos, cuando su punta se quedaba medio mocha de tanto perforar espaldas. Por suerte en aquella época, no existía el sida y los hombres eran mas hombres y no se enfermaban tanto con infecciones.
Espero que recuerden este momento y agreguen mas anécdotas para disfrutar.
Un abrazo
Ruben Rubio

ACOTACION DE JUAN CARLOS BALLATORE
El tuerto se llamaba Tojo, morochón subido y alto.
Su hijo jugó en la 1ª de Sann Lorenzo unos años después...
Tano, alienado de recordar ese teerrible instrumento metálico en manos tan profanas....