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FERRENTI

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CARLOS NUÑEZ

 

Cinco años esperando,¡lpmqlp!, como carajo me pasan estas cosas y la rpmqlrmilp!. Pero se podra ser tan pelotudooo para quedarse así de dormidoooo…. Noche de vuelta olimpica. Clima de desobediencia y ansiedad, de fiesta, preparativos y determinacion. Aunque tambien, justo es decirlo, de incertidumbre. Como siempre, estabamos en las aulas – estudiando?? - hasta la hora de la cena. Y a mi se me ocurre – escucha bien lo que te digo porque viene para el boludeo – cruzar los brazos sobre la tapa del pupitre, embutir la cabeza en el hueco y… ponerme a apoliyar. Pero a apoliyar como cuando te morís. Nada de un atorrito fugaz. Era un coma profundo, otra dimension… Cuando desperte eran más de las 22.00 horas, estaba solo y en total oscuridad en el aula abandonada de V° año. Los muy turros - gran sentido del humor - se habian ido despacito, sin el menor ruido que pudiese despertarme. Muy gracioso para todos menos para mi. La apreciacion de la realidad era: Sin noticias del exterior y con la terrible sensacion que la hora de la vuelta se acercaba inexorable y…sin mi. Como buen soldado instruido tenía que implementar las tecnicas de supervivencia, vale decir, como carajo salgo ya de aquí. Dios me dio el intelecto y decidi usarlo en lo primero que se me ocurrio. Es decir…estara la puerta del patio abierta?. Cuando descubri que podia pensar aun en situacion extrema me diriji a la puerta de regencia y, mansamente, se abrio al girar el picaporte. Estaba dentro de la regencia y la sensacion de frustración volvio a invadirme: la otra puerta, la de salida al exterior estaba cerrada con…¡semejante candado!. Pense en mi cartera portapliegos y los conocimientos que en ella atesoraba y decidi probar otra cosa. Saliendo de la habitacion al patio me acerque a los caños de desague pluvial con la intencion de trepar al techo de las galerias, cruzarlo y descender por el otro lado. Buena idea, mala infraestructura. Al solo tanteo era evidente que de haberlo intentado el desmoronamiento de tubos, tejas y otras yerbas hubiese sido inevitable. Gracias a mis notas en Morales de Caracter que forjaran en mi un tirador empeñoso y con cara de guerra se me ocurrio jugarme otra carta. El telefono. El adorado telefono me permitiría llamar a la guardia y pedirles al costo que fuera que vengan por mi, al rescate. Mi objetivo era la Vuelta y mi subconciente me arengaba incesante: vein – ti – cuatro; vein – ti – cuatro… ENTEL, será posible?. ENTEL, la repmqtrmilp, hdep y la cdthermana!. Ni un sonidito. Ni un tu – tu. Nada, viejo, podés creer? El Olimpo en mi contra! Vein – ti – cuatro; vein – ti – cuatro… La imagen de mi garibaldina se me hizo nitida. Pude visualizar hasta el barrito y alguna ramita del último enmascaramiento. Viva la Patria, carajo! Vein – ti – cuatro; vein – ti – cuatro…. El pecho henchido de orgullo y más cara de guerra, Vein – ti – cuatro; vein – ti – cuatro… Me arroje sobre la puerta con candado y de un hombrazo arranque los goznes junto al pedazo de madera que los sostenia. Y la puerta se abrio… A la mañana siguiente, la gloriosa Vuelta ya habia ocurrido y todo era desconcierto. Me apure para llegar al patio cuanto antes y me pare, estrategicamente, en un punto de observación cercano a la famosa puerta. Muy pronto llego el Sr Ferrenti y su rostro enrojecio de bronca: Que que paso; que esto fue la vuelta; que voy a llamar al oficial de servicio; que fue la 24°… Me acerque a el temeroso pero decidido y en pocas palabras le explique lo que me había pasado y le dije: “fui yo. No tuve más remedio”. Me miro de arriba abajo mientras su rostro volvia al color normal, penso un instante y me dijo: “Esta bien, vaya cadete. Esto queda entre nosotros”. Cuando leyera sobre su muerte inmediatamente me vino a mi memoria esta anecdota. Mi manera de honrar al Sr Ferrenti es hacerla publica. Sin dramas y con algo de humor. Igual que como el comprendiera un hecho adolescente. Gracias Sr. Ferrenti, al igual que su hijo usted también tuvo sangre 24°.
Un abrazo a todos.
Carlos N.