Discurso de Ruben Rubio en el acto del 50 aniversario del Ingreso

 

Autoridades civiles, autoridades militares, familiares, cuerpo de cadetes.


Un día de marzo como hoy, pero en 1962, hace exactamente 50 años. Nuestra promoción, la número 24, iniciaba en esta misma plaza de armas, su paso, por este querido Liceo Militar General San Martin.
Sin pretender ser ejemplo de nada, queremos dirigirnos especialmente a los nuevos cadetes de la promoción 74, y al cuerpo de cadetes en general, mostrándonos como una imagen que refleja en un espejo, luego de 50 años.
Los 325 cadetes de aquella fecha, teníamos, como hoy tienen los que ingresan, la misma edad, el mismo miedo, la misma incertidumbre, y la misma tristeza, por estar separados de la familia, de los amigos, y de todas las cosas queridas del hogar.
A tan corta edad, apoyados por nuestros padres, elegimos un camino duro y difícil, pero al final exitoso, para comenzar nuestra formación.
Este querido lugar se convirtió a partir de allí, en nuestro segundo hogar y empezamos a convivir, con una nueva familia. La familia liceísta, de la que nunca más nos íbamos a separar.
Como olvidar esa primera semana en el Liceo. Los recuerdos como flashes, surgen a borbotones. La fila de ingreso a la compañía, para asignarnos cama y armario. Las ordenes vigorosas de los cadetes de quinto año, para encausar nuestra inexperiencia. La entrega de ropa, y de la famosa matricula. Las primeras puntadas para coser la tira de año y algún botón faltante. La primera noche, compartiendo dormitorio con decenas de personas a las que acabábamos de conocer y en la que a más de uno se le cayo alguna lágrima. El desasosiego de la primera mañana, con órdenes y apuro por todo. Las comidas y el comedor. La primera formación, y el primer regreso al hogar. Cuanto tiempo ha pasado y todavía esas imágenes siguen firmes en nuestras memorias.
A partir del ingreso, nos consideramos elegidos. Ninguna escuela como el Liceo brinda una formación militar, espiritual y académica tan completa a un individuo. Muy jóvenes, adolescentes aun, y alejados de nuestros padres, comenzamos a tomar nuestras propias decisiones e independizar nuestro pensamiento y nuestras acciones. Equivocaciones y aciertos comenzaron a forjar el carácter, que nos acompañaría toda la vida.
Aquí aprendimos, primero a obedecer y luego a mandar. Nos enseñaron a querer y respetar a la Patria, a nuestros padres, a nuestros maestros, a nuestros mayores, a los símbolos nacionales y al prójimo en general.
Nos entregaron un uniforme, que lucimos con orgullo y nos enseñaron a manejar las armas, para defender a la patria.
La camaradería, los problemas compartidos y la vida en común, forjaron desde el comienzo, amistades entrañables, que perduran y perduraran toda la vida.
Después de 50 años de nuestro ingreso, y en gran medida por lo recibido en el Liceo Militar, los integrantes de la promoción 24, podemos mostrar orgullosos, que hemos entregado al país, 34 miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, entre ellos un Teniente General y 2 generales de brigada, 43 ingenieros y 23 médicos en todas las especialidades, 22 abogados, 20 profesionales de las ciencias económicas, 10 arquitectos, 13 empresarios, politicos y muchos hombres de bien que formaron una familia y trabajan para el país.
Finalmente queremos agradecer al Ejército Argentino, en la persona del Sr Director del Liceo Militar, la posibilidad de festejar en esta formación, los 50 años de ingreso a este querido Instituto, en compañía de familiares, autoridades y el cuerpo de cadetes.
También agradecemos la presencia en esta formación, como en la de ingreso en 1962, de nuestro primer capitán, y Jefe de Compañía, Don Jose Pepe Lavori.
Para terminar, un recuerdo y homenaje muy especial, para todos los compañeros que nos precedieron en la sección celestial, de la promoción 24, que desde el cielo estarán gozando y compartiendo con nosotros este gran momento.


Muchas gracias