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AJM CRONICA DE UNA EXPULSION

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 CARLOS ALEJANDRO CASTEL

Octubre, 6 2010
1ra PARTE
Estimados
Creo que se han generado algunas expectativas algo exageradas respecto a los acontecimientos que motivaron la expulsión del dicente y otros implicados del campamento de la AJM en el verano del 64.
Recuerden la época: año 1964, portador de quince boludos años de edad, así que no esperen grandes hazañas de cualquier tipo. En esos años y CON esos años, mucho no se hacía.
Bien, los hechos fueron los siguientes.
En el verano anterior yo había participado del campamento y como me había gustado mucho decidí reincidir al año siguiente.
Dado mis innatas condiciones de líder, brillantes condiciones de mando y altas cualidades de moral, que puse de manifiesto en mi primera experiencia campamentera, fui distinguido por XX con los atributos de Jefe de Patrulla, que fue integrada por el Pacha Salguero, el Tano Di Primo y completó la lista un amigo civil del Tano, cuyo nombre otra vez no me acuerdo.
Uds. deben saber que el Jefe de Patrulla tenía serias responsabilidades en cuanto a la organización de la patrulla, compenetración de sus componentes con las reglas que regían en el campamento, sus objetivos y la MORAL que debían observar.
También debía ocuparme de instruir a los tagarnas de las modalidades del campamento, reunión de efectos necesarios, mochilas adecuadas, etc. etc. Es decir transmitir mi importante experiencia a los novatos.
Creí en ese momento haberles trasmitido a mis dirigidos esos sanos principios de espiritualidad moral y conducta, en los cuales yo había abrevado el año anterior. Qué equivocado estaba!!! Algunos ya pensaban utilizar la estancia en el sur para satisfacer oscuros instintos e inconfesables fines …
En fin, un día de enero de 1964, mejor dicho una noche, partimos de Constitución a Bariloche en el tren de mochileros que pasaba por Bahía Blanca, Viedma y ahí torcía al oeste hasta el destino.
El viaje se extendía por tres días y dos noches. Asientos de madera, dormíamos en el suelo o en el asiento, según te tocara y lo peor eran los baños, inutilizables a las dos horas de salir de Constitución.
Pero hubo una mejor en el ese viaje: el tren llevaba uno o dos vagones de ganado, que estaban enganchados al final de la formación, pero en Bahía el tren luego de entrar en la estación, invertía su dirección de marcha, con lo cual los últimos vagones pasaban a ser los primeros, por lo que el ganado quedó adelante y nos regaló durante todo el trayecto hasta Bariloche, por efecto del viento de la marcha, los dulces aromas que producían las vacas.
Nosotros viajamos en el segundo contingente, por lo que XX no venía en el tren, había acompañado al primer contingente, quedando la disciplina del grupo a cargo de otros cadetes más antiguos y/o de mayor confianza (tenía algo que ver el susodicho Tano con ese aspecto…??? mmmm… No lo sé, pero determinar esto tiene su importancia por lo que luego pasó).
Una impensada y feliz coincidencia, hizo que compartiéramos el viaje con un colegio de señoritas …
Esto ya está muy largo, después la sigo.
Castel en Vop
2da PARTE
Octubre, 7 2010
Y el diablo metió la cola.
El tren de los mochileros tenía una particularidad. Por supuesto no era de primera, o segunda o tercera, era de mochileros, especie fuera de toda categorización. Las autoridades ferroviarias suponían que los mochileros tenían todo el tiempo del mundo, lo que se traducía en un lento desplazamiento del tren, casi diría cansino y amable, mechado por numerosas y prolongadas paradas en ignotas estaciones, para dejar pasar a otros trenes más rápidos o para permitir el cruce con otros (había una sola vía), ocasiones que eran aprovechadas para bajar, caminar y porque no socializar con los demás sufridos viajeros.
Fue en una de esas paradas que mi patrulla descubrió la presencia del contingente femenino, que para mejor y mayor atractivo estaba compuesto de egresadas de un colegio religioso, celosamente custodiadas por las respectivas acompañantes adultas que oficiaban, como se verá, de no tan eficientes cancerberos.
Pueden imaginar entonces el doble atractivo de establecer un contacto cercano de cualquier tipo, ya que: eran egresadas de un establecimiento confesional (en aquella época eran sindicadas como las más rápidas …para qué aún no lo había descubierto) y además mayores a nosotros, lo cual en nuestra afiebrada imaginación de aquellos años, presentaba la posibilidad de encontrar una fémina de "mayor experiencia" y en consecuencia más accesible a oscuras pretensiones.
Ese cóctel de presuntas oportunidades, fue demasiada tentación para mis dirigidos, que al contrario del resto de la Agrupación Juvenil de Montaña, en viaje a su encuentro espiritual con la montaña, que ateniéndose a las reglas de moral y buenas costumbres imperantes en el grupo, se abstuvieron prudentemente de cualquier contacto con extraños, más allá de lo que la cortesía podía imponer y por sobre todas las cosas, con cualquier otro ser humano del sexo opuesto, menor a cincuenta años y soltero, lo que era tabú, pecado mortal, ofensa mayor, gravísima falta y otras cosas, lo cual fue ignorado alegremente por mis dirigidos que en la primera oportunidad que tuvieron se acercaron, se relacionaron y establecieron fértiles canales de comunicación con tres femeninos (una de ellas en verdad muy bonita, rubia y buena figura, cuyos nombres no recuerdo pero que debían ser en aquellos años Patricia, Liliana, Mónica o Cristina), del susodicho contingente de egresadas.
Imaginen Uds. mi zozobra, mi Comando patrulleril recién comenzaba y ya estaba seriamente comprometido por la inexcusable acción de mis subordinados, que dejándose llevar por impulsos hormonales olvidaban todas las recomendaciones respecto al comportamiento que debían observar, que tal como correspondía como Jefe, les había impartido celosamente.
De todas formas y al sólo efecto de controlar lo que hacían, me vi obligado a acompañarlos en sus primeros acercamientos al objeto de sus deseos, que se desarrolló conforme al ritual propio del momento: ¿Hola que tal? ¿De que colegio son? ¿Viajan solas? ¿Nosotros somos del Liceo. ¿Vienen seguido por acá? y demás sandeces que se estilaban, pero que sorpresivamente, fueron bien acogidas y respondidas amablemente.
Sería la soledad del desierto patagónico que esos brutos provocaran una buena impresión?? Sería la curiosidad de conocer un cadete del Liceo, rara especie ignota para la mayoría?? Aún hoy no me lo explico, la cuestión es que la relación se estableció y hubo hasta la llegada varios encuentros (en las paradas) con las egresadas niñas y por supuesto se acordó un encuentro en Bariloche. Esto último a mis espaldas. Aprecio que no confiaban en mi aprobación, dada mi condición de Jefe de Patrulla.
Sin embargo, no todo estaba bien. Sin que lo advirtiéramos éramos cuidadosamente observados por los responsables mayores del contingente de la AJM y en consecuencia nuestros actos no pasaron desapercibidos y fueron cuidadosamente tomados en cuenta y registrados en el incipiente prontuario de antecedentes, que sin nosotros saberlo ya se había abierto.
Me pregunto ahora si aquél Tano, que no estoy autorizado a nombrar, también desde aquél momento ya nos tenia en la mira. Digo esto por su actuación posterior, que como se verá fue muy importante en esta historia.
De todas formas, un hermoso día de enero Bariloche nos recibió en todo su esplendor y también fuimos recibidos por la plana mayor de la AJM, XX al frente, cargamos las mochilas a un camión fletado al efecto y acomodados en su caja, partimos hacia el campamento en el Lago Moreno.
Hubo una discreta despedida de las féminas y ratificación del futuro encuentro….
Por ahora me parece suficiente, si todavía les interesa, en la próxima la sigo.
Castel en Vop
EPILOGO
Octubre, 8 2010
Está bien, tienen razón, ya los emplomé demasiado, es hora de terminar con esto.
El campamento de la AJM se extendía (se extiende) sobre una franja de terreno en la margen sur del Lago Moreno Este, que alejándose de la ruta toma una forma oblonga que en su parte más ancha llega a los cien metros, justo donde desemboca el arroyo de La Virgen. Las carpas se montaban debajo de una hermosa arboleda, Las únicas edificaciones eran una cabaña, que contaba con un gran salón, unas habitaciones en las que se alojaba el XX y un comedor con una gran mesa alargada, que sólo se usaba en los días de lluvia.
La organización de los paseos era la siguiente: eran de un día, dos días y un final de tres días. El Jefe de Patrulla planteaba el recorrido a una especie de Consejo de Mayores (cadetes con varios campamentos efectuados, generalmente de tercero o cuarto año), que lo aprobaba y luego la patrulla salía con provisiones proporcionadas por el campamento.
Se podía ir a cualquier lado, siempre que no fuera peligroso y se estuviera en capacidad de hacerlo. Sólo había dos restricciones: se debía hacer el trayecto caminando, a lo sumo haciendo dedo si la distancia a recorrer era mucha y había un lugar que era PROHIBIDO, NOT ALLOWED, VERBODEN, INTERDIT, ????, ese lugar era Bariloche, ciudad del pecado, potencial contaminante de las frágiles mentes adolescentes que acampaban en busca del espíritu montañista.
El paseo clásico para un día, era hacer el circuito chico, es decir ir hasta el Llao Llao pasando por Bahía López y regresar por la Angostura y punto panorámico, evitando por supuesto acercarse a la ciudad perdida.
Así salimos de paseo mi patrulla y yo. Todo fue bien hasta el Llao Llao, donde el Tano Di Primo y su amigo civil (que no puedo acordarme como se llamaba), plantearon seguir hasta Bariloche para hacer honor al compromiso tomado con las egresadas del tren.
El plan era muy atractivo y riesgoso, pero quién nos iba a detectar en la ciudad y cómo podían tener noticia en el campamento de tan osada excursión.
Que ingenuos fuimos. No sabíamos que el XX tenía ojos en todas partes y de todo se enteraba….
Sin embargo, no recuerdo bien porqué, creo que el Pacha Salguero no se sentía bien y quería volver al campamento y había que acompañarlo, lo cierto es que él y yo nos bajamos del proyecto y continuaron el Tano y su amigo (el que no me acuerdo como se llama), con el viaje (en colectivo) hasta el dulce encuentro programado en la ciudad.
No puedo asegurar que fue lo que pasó, porque lamento decirlo me la perdí. Pero que se encontraron se encontraron, que fueron a tomar algo a alguna parte, fueron, porque me lo contaron ellos y porque los vieron (eso lo supimos después) y estoy seguro que algo más pasó, porque sino no justifico tanto escándalo.
Pero debo reconocer que todo el mérito es del Tano y su amigo (que ya voy a recordar el nombre).
El XX supo enseguida que habían estado en Bariloche, porque los tagarnas no tuvieron mejor idea que hacer dedo para volver al campamento y el que justo pasó fue el XX.
Además, ese Consejo de Mayores, era una especie de Falange de la Fe o Policía de Moral y uno de ellos fue el que los vió en Bariloche y por supuesto no se aguantó y los botoneó.
Por supuesto de esto nada sabíamos y seguimos incurriendo en inocentes infracciones que sin embargo alimentaban nuestro ya abultado prontuario.
El Tano y su amigo FUMABAN y para que no los vieran salían del campamento, cruzaban la ruta, subían un sendero y se instalaban justo detrás de una imagen de la Virgen que el XX había hecho poner en lo alto de la cascada que formaba el arroyo en ese punto, para dar rienda suelta al vicio, a salvo, ellos creían, de miradas indiscretas.
Otras vez, se nos metió en la cabeza que la edificación que había en la margen opuesta del lago era de un colegio de mujeres, por lo que tomamos el bote del campamento y remamos durante cuarenta y cinco minutos hasta llegar al lugar (huelga decir que también estaba prohibido navegar el lago), para descubrir que lo que allí había era un seminario…….. y los que salieron a darnos la bienvenida fueron los seminaristas…
La cuestión es que el medio ambiente con nosotros se fue poniendo cada vez más espeso y caliente y si bien nada era explícito, había miradas torvas, respuestas cortantes y trato glacial de parte de los "mayores", a los que, Uds. comprenderán, no era muy juicioso mandarlos adonde merecían, porque después en marzo te recibían en el Liceo con todas las tiras.
Pero creo que la gota que colmó el vaso, fue la lamentable actuación del Tano como monaguillo en una misa, se mandó tantas cagadas que al final nos tentó a varios. No tocaba la campanilla o lo hacía cuando no había que hacerlo, pasó el misal al otro lado del altar y lo cerró, lo que fastidió totalmente al XX porque tuvo que buscar la página que había perdido, casi vuelca el agua bendita, etc. etc.
Finalmente, colmadas todas las paciencias, se reunió en ese comedor de la mesa larga, el Tribunal del Pueblo, integrado por ese Consejo de Mayores, Guardianes de la Fe y Policías de la Moral, que con testimonios anónimos y diversos informes interesados y envidiosos, completó nuestro legajo-prontuario y sin ninguna oportunidad de defensa, nos condenó al destierro.
Fuimos citados por ese plenario para comunicarnos la decisión tomada, al que comparecimos en forma separada. Al igual que los demás, en mi calidad de acusado-condenado me ubiqué de un lado de la larga mesa, y del otro se sentaron los cuatro o cinco miembros del Tribunal, cuyo lenguaraz nos enrostró las faltas cometidas que hacían intolerable nuestra presencia en la impoluta AJM.
Nada agradable por cierto, sobre todo porque no habíamos hecho nada más que hacer honor a los quince años que portábamos. Y la caridad?? Y la misericordia?? Allí no hubo. Ah, el XX en esa instancia no figuró. Al parecer consideró que el nada tenía que ver
No estoy seguro, pero el escribiente del Tribunal del Pueblo, no era aquél otro Tano??
Los desterrados fuimos el Tano Di Primo, su amigo civil y yo, El Pacha mereció una pena menor y se quedó.
Antes de todo eso, en el medio de nuestra acortada estancia hubo otras escapadas a Bariloche por parte del Tano y el civil. Ellos deben contar, si quieren, lo que pasó con las egresadas, pero estén seguros que hayan o no concretado lo que sea, fue muy bueno romperles las pelotas al XX y a su grupo de Guardianes de la Fe y con el tiempo cada vez me siento más orgulloso de que me hayan echado junto al Tano y a su amigo civil.
Un párrafo final para el XX. Todavía no alcanzo a comprender su lamentable papel en todo esto, Se suponía que era el responsable y la máxima autoridad del Campamento, sin embargo no asumió en ningún momento la responsabilidad que le cabía, se escudó detrás de ese pseudo consejo para que ellos tomaran la decisión que a él le correspondía, para luego poder decir que no era él el que nos echaba, sino el campamento. Que desilusión tuve. Realmente, no valía la pena el XX.
Fin.
Castel en Vop