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VIAJE AL CHALTEN

POR J. C. Ballatore

Viaje a El Chaltén por JCB
Porqué hoy tengo ganas de escribir sobre nuestro viaje al El Chaltén, me creo que hay una situación de fondo que me atañe en lo personal...Ayer se cumplieron 4 meses de la decisión de mi madre de partir de este mundo en pleno goce de sus facultades y como si Dios le hubiera concedido la gracia de decir. Recuerdo a mi padre cuando entonaba el himno italiano con su capello de alpino con la penna nera (pluma negra) puesto y enfatizaba...."noi vogliamo sempre quella, noi vogliamo la libertá, la libertá , la libertá....." Fue alpino y partisano, siempre luchó por su libertad y la de su gente.
Finalmente hoy leí que había muerto( navegando en unos de sus paisajes favoritos) Douglas Tompkins, un filántropo que donó a nuestro país, grandes extensiones de tierra para que se hicieran parques nacionales y se preservara la flora y fauna autóctona ...como alguna vez lo hiciera el Perito Francisco Pascasio Moreno, con la salvedad que Tompkins era gringo..no era nativo, pero amaba esta tierra. Y este hombre donó las tierras del Parque Nacional Monte León que recorrimos Gustavo Franz, Ale Portabales, Emilio Boerr y yo mismo...el Porongacar.
Cuando volvimos de Bariloche en 2015, un grupo de amigos dentro de la 24 que habíamos participado de la experiencia a Paso de las Nubes, nos quedamos con ganas de volver a salir en él. Así fue que a instancias de Emilio Boerr que conocía la zona nos propuso y aceptamos de buen grado largarnos hacia el sur ...nuevamente, solo que esta vez lo haríamos bordeando el Atlántico, hasta Luis Piedrabuena (prov. de Sta. Cruz), Monte León N. de la R. Nótese que el pingüino es el que está abajo a la derechab.
Un mes antes nos reunimos a probar las carpas, que estuvieran en condiciones, sus vientos y demás elementos.
Con esa excusa nos juntamos un sábado en Garín, mi casa y en el parque que es grande, mientras les preparaba un asado, nos pusimos a armarlas, para verificar su estado, también nos sirvió para sacarnos las ganas de compartir la ansiedad del viaje, por venir. Salimos caminando sin rumbo, habíamos acordado un día de descanso post viaje y salimos hacia la ruta y apuntamos a la punta del Lago Viedma, donde estaba el puerto deportivo, y comenzamos a caminar campo traviesa (con paisaje patagónico), sin olvidarnos de cruzar el mismo alambrado en una y otra dirección cuatro veces (no encontramos gallinas), subiendo por los torniquetes, haciendo delicado equilibrio (toda una demostración) y saltando al otro lado sin engancharse en la púa. Suficiente para ponerse a tono con el trekking que emprenderíamos en los días subsiguientes. Llegamos cansados al puerto después de caminar unos 6/7 km, comimos un rico leber, atún y unos quesitos Adler con galletitas que llevábamos en una mochila y francamente no teníamos ganas de desandar el camino a campo traviesa. Así que Emilio se chamuyó unos tipos que lo llevaron hasta las cabañas en Chaltén, agarró el Porongacar y nos vino a buscar. Llegamos a la cabaña y una hora estábamos recuperados y listos para emprender otra aventura ya que el día era largo y quedaban varias horas de luz .A instancias de Emilio fuimos hasta una cascada (El Chorrillo) distante unos 1.5 km pero por un camino rodeado de un muy lindo bosque, subimos a la cascada desde donde filmamos la caída del Chorrillo, solo que la Go Pro apuntaba al dedo de la véspula en cambio de la caída de agua. El gallego probó la sumergibilidad de su cámara Go Pro.
Al volver ya tarde, nos comimos unos potentes y deliciosos guisos de cordero, lentejas o mondongo según el gusto, pero todos imponentes y súper ricos en Ahonikenk, un pequeño lugar muy concurrido y bien puesto, donde volvimos cada vez que quisimos comer bien. Nos fuimos a dormir tarde, pero tranquilos, habíamos contratado para el día siguiente, domingo de elecciones, el viaje por barco cruzando el lago Viedma hacia el Glaciar del mismo nombre, donde practicaríamos escalada en hielo, además de trekking sobre el mismo. El ómnibus partía de la agencia a la vuelta de nuestro alojamiento así que 08.30 allí estábamos, con guantes, bastones, gorros, anteojos oscuros y toda la adrenalina (alguno llegó a pensar que x la edad no nos iban a dejar hacer hielo) y nos llevaron al puerto deportivo para embarcar rumbo al Glaciar en el otro extremo del lago. Algunos barquitos que se veían a lo lejos en el lago terminaron siendo pequeños témpanos a la deriva que debió sortear la lancha todo el trayecto, bajaba un viento helado del glaciar que cubría el lago entero…nosotros jugando a los machos en cubierta, escuchando las explicaciones de Otto y el gallego sobre la náutica en el lago y…cagándonos de frio con un viento helado y cortante. Llegamos, amarramos, nos dividieron en dos grupos, turistas y los que haríamos escalada en hielo.
A nosotros nos llevaron a una tienda entre las rocas y… (dunga dunga…Nooooooo) nos entregaron los cascos, nos colocamos los arneses con los mosquetones colgando para enganchar las sogas luego y comenzamos a subir en roca pelada. Cuando llegamos al hielo nos entregaron un par de grampones para hielos para colocarnos, cosas que supervisaron uno x uno.
El grupo estaba conformado por los 4 de la 24, un alemán (de Stuttgart), un neozelandés, un canadiense y un puto, vestido con colores flúo, y que revoloteaba todo el tiempo floreándose con el canadiense que creo que se lo lastraba…con manteca como en el último Tango pero sin María… Fue de lo más esforzado y divertido, primero encaramos una pared con una pendiente de 70º, subimos con grampones y piquetas cada uno de nosotros dos veces y bajamos otras tantas tirando cuerpo al vacío mientras nos bancaban con la soga de seguridad (experiencia genial) . Almorzamos tranquilos y luego la emprendimos con una pendiente casi vertical y más larga.
Solo agregaré que el resto (los extranjeros) tenía alrededor de 35/45 años, tenía casi la mitad del peso de Otto, o Emilio o Ale que rondan los 100 kg c/u, pero TODOS , clavamos la pica en Flandes. Vamos Liceo todavía! Luego recorrimos algunos lugares asombrosos dentro del Glaciar, un verdadero campo de hielo enorme, cuevas azul marino y esmeralda y al volver al borde del Glaciar entramos a una cueva entre el glaciar y la masa rocosa que era francamente impresionante. Fuimos invitados a desgustar una copita de Tía María que nos convidaron los guías….con disimulo usanza Liceo, nos apoderamos de ella y las vaciamos….como corresponde! Desandamos el camino hasta la carpa donde dejamos los grampones, piquetas, arneses y cascos y nos subimos al barco que nos devolvería al puerto donde el ómnibus nos dejaría a la vuelta de nuestra cabaña. Suculentas empanadas que encontré mientras iba a recoger algún dinerillo del cajero link (recuerden que soy un pobre jubilado….) y cerveza y vino que compramos sellaron nuestra cena. Al día siguiente, descanso, nos fuimos al Calafate y Glaciar Perito Moreno, que queda unos 80 km más lejos aún de Calafate, almorzamos en la confitería y recorrimos la pasarela que rodea al perito Moreno, que es cinematográfico en su puesta en escena y plagado de turistas. Cenamos pizza y regresamos muy tarde a Chaltén que queda unos 200 km y teníamos todavía que armar las mochilas porque al día siguiente salíamos para otro paseo…